lunes, 11 de enero de 2021

Crematorio

La novela de Rafael Chirbes Crematorio somete a revisión todos los aspectos de la vida a través de las reflexiones de los personajes, cada uno de los cuales aporta su particular visión y sensibilidad hacia el mundo que les rodea. El fallecimiento de Matías únicamente es una excusa para reunir dos visiones contrapuestas del mundo, enfrentarlas y exponerlas al juicio del lector.

Estas dos visiones enfrentadas están representadas, principalmente, por los dos hermanos, Rubén y Matías. Dos perspectivas que chocan frontalmente en la forma de interpretar el modo de vida de la sociedad occidental, caracterizado por la sumisión de todos los elementos de nuestro mundo al servicio del capitalismo y a la demanda de una población consumista. Rubén, por un lado, representa la resignación ante esta realidad. La aceptación del mundo tal y como es y el abandono de toda esperanza de cambio, optando por aprovechar esta situación en su favor y obtener todos los beneficios posibles en busca de su propia felicidad. Por contra, el recién fallecido Matías simboliza la esperanza y las aspiraciones idealistas de las personas más soñadoras. Sus diferencias los han separado a lo largo del tiempo, enfriando su relación. Detrás de las ilusiones de Matías se esconden las mejores intenciones, mientras Rubén las rechaza fundamentándose en su análisis, en el sentido más pragmático de la palabra. Además, está el personaje de Silvia que, aunque concuerda con la visión de Matías, pone otro debate sobre la mesa: ¿en qué medida han tenido algún sentido los ideales de Matías durante su vida? Si, pese a sus fuertes convicciones, no ha hecho nada por llevarlas a la práctica, ¿es consecuente defender estas ideas?

En la obra, también juega un papel muy importante la infancia. La infancia es el punto común entre ambos hermanos, antes de separar sus caminos, cuando la inocencia de ambos personajes les inhibía de preocupaciones y les protegía de los obstáculos que, posteriormente, aparecerían en su relación. La infancia es retratada con un tono nostálgico, pues la vida del inconformista con su tiempo es, en cierto sentido, parecida a la del exiliado: marcada por el fuerte anhelo del pasado perdido para siempre. Este recuerdo, no obstante, siempre está condicionado y alterado por los sentimientos que participan del mismo, tanto la pérdida y la melancolía antes mencionadas, como la memoria de la felicidad del pasado. Por lo tanto, también aquí existe un enfrentamiento entre los puntos de vista de Matías y Rubén. Mientras la postura más romántica defiende una visión idealizada del pasado, la más pragmática critica la falta de neutralidad a la hora de analizar la realidad anterior. No obstante, Crematorio no es maniqueísmo, no trata de lo bueno y lo malo. Solo presenta dos mundos enfrentados para que sea el lector quien decida qué discurso se ajusta más a su verdad.

Para concluir, me gustaría destacar que, al mismo tiempo, estamos ante una novela premonitoria. Todo el discurso reflexivo del libro se construye alrededor del boom inmobiliario en España de mediados de la primera década de este siglo. El mundo de los negocios, el ladrillo, la especulación, las subidas y bajadas de la industria de la construcción… Un mundo, a su vez, muy ensuciado por la corrupción y la ilegalidad. Todo transcurre bajo una aparente calma y satisfacción, pero, debajo, los bajos fondos más oscuros, donde los poderosos se aprovechan de esa felicidad generalizada. Es el aprovechamiento de un sistema que, de tanto abusar de él, tenía que acabar resintiéndose. La calma antes de una tormenta que, previsiblemente, se avecinaba. Porque no hablamos de minucias o pequeñas trampas, sino de tramas enteras de corrupción que, por su magnitud, no podían quedar impunes. El libro sabe reflejar ese clima de tranquilidad que iba a dar lugar, inevitablemente, a terribles consecuencias, desde la crisis económica hasta los escándalos políticos que marcaron aquel primer cambio de década del siglo en España.

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