lunes, 11 de enero de 2021

De noche justo antes de los bosques

De noche justo antes de los bosques es una pieza teatral que, por la forma en que está escrita, no aparenta serlo. En algunos momentos puede ser confusa, y parece asemejarse más a un discurso narrativo que a uno dramático. No obstante, se trata de un soliloquio, un extenso sermón en el que su protagonista aborda al público insinuando llevar mucha prisa, hasta que lo que parecía una intervención fugaz acaba con los receptores siendo testigos de cómo ese extraño individuo se abre ante ellos y les ofrece toda su verdad.

El texto es el parlamento de un extranjero, que dice pararnos por la calle, al habernos visto débiles y desorientados, en el ir y venir del ajetreo diario, y que empieza a hablar sin interrupción de toda su percepción del mundo que le rodea. Sin preocuparse en ningún momento por la coherencia de lo que está diciendo, habla de como es todo desde su situación. Habla de la existencia de un colectivo enemigo que está por todas partes (al que se refiere en repetidas ocasiones como “los cabrones”), de lo juzgado que se siente constantemente, y de su perspectiva, desde la que todo el mundo delira y enloquece a su alrededor, mientras él les sigue la corriente intentando que no lo descubran y planea hacerse con el poder. La mirada de un extranjero solitario que va de un lado a otro y no encaja en ningún sitio. Sin duda, todo este mensaje del protagonista está íntimamente ligado con el aspecto más llamativo del texto: está escrito sin usar ni un solo punto ni ningún otro signo que pueda indicar pausa larga, de modo que todo conforma una especie de “oración” sin fin. Esto sugiere un relato atropellado, lo que contribuye a la sensación de prisa y agobio con la que empieza a hablar el extranjero. Así, cuando al fin termina, no sabemos bien si ha estado hablando durante horas o ha condensado todo ese mensaje en el breve instante en el que nos ha parado por la calle.

El parlamento es aprovechado para tocar de paso otros temas. Ya hemos mencionado su difícil encaje en una ciudad que no es la suya. Cada alusión a esa ciudad —y aclaro que esto es una opinión personal que no está fundamentada en nada más allá de mi impresión subjetiva— me hacía pensar en París, no sé si a causa de los puentes sobre el río, de las menciones a los franceses (nacionalidad del autor), o del amor pasajero de una noche. Otra idea secundaria es la de que todo el mundo está en su contra, y trata de engañarle o de robarle. También me parece interesante destacar sus referencias a la inmigración, a la gente que es empujada de un lado a otro buscando un sitio donde encontrar la estabilidad, pero que son movidos arbitrariamente como simples peones.

El monólogo fluye con transparencia, sin interrupciones, volviéndose algo incómodo en ocasiones. Sería incómodo que un extraño nos parase por la calle y nos hablase durante un rato largo, pero lo sería aún más si lo hiciese tan abiertamente. La obra juega de este modo con la obscenidad: al público nos suele incomodar que nos hable directamente una persona de los estratos sociales más bajos, un marginado, pues su sola presencia nos recuerda su existencia, la existencia de la miseria y la exclusión; nos recuerda que aceptamos acríticamente un sistema que permite todo esto, y nos hace sentirnos responsables de la situación, porque podríamos estar haciendo algo para evitarlo pero no es así.

En definitiva, la obra constituye el desahogo de un hombre que se siente extranjero y es consumido por la soledad. No obstante, no pienso que lo de extranjero sea literal. En este sentido, me recuerda a otra obra literaria de origen francés, El extranjero (de Albert Camus). Su título original, L’Étranger, ha sido traducido así tradicionalmente, pero también admite la traducción “El extraño”, que podría ser, en cierto modo, más adecuada. Este libro narra la historia de un hombre que se siente ajeno a su propia vida, de la que es más testigo que dueño, como si fuera un extraño para sí mismo. Creo que algo parecido le sucede al extraño de De noche justo antes de los bosques, quien, a fuerza de sentir que no encaja, se siente extranjero en su propia vida.

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