lunes, 11 de enero de 2021

Modelo dramático y posdramático en dos obras teatrales del itinerario

El teatro es, a fin de cuentas, todo texto concebido con el fin de convertirlo en una representación por medio de las artes escénicas. No obstante, esta idea se ha enfocado de maneras muy diversas y, como es normal, ha evolucionado a lo largo del tiempo. Como consecuencia, se puede establecer una diferencia clara entre teatro dramático, más acorde a los canones clásicos y tradicionales, y teatro posdramático, tendencias modernas de carácter experimental y vanguardístico. A continuación, se tomarán dos obras del itinerario de la asignatura para argumentar de qué manera se ajustan a una u otra corriente, y así desarrollar sus respectivas características.


Por un lado, tomaremos como caso de estudio Siglo mío; bestia mía. Según mi juicio, esta es una obra a caballo entre el teatro dramático y el posdramático. Sus similitudes con el teatro más clásico saltan a la vista, y tienen que ver con la manera en que está escrita. La historia se construye a través de los diálogos de los personajes, y las relaciones que establecen entre ellos, algo que se plasma en el papel a través de sus intervenciones, del mismo modo que ocurre en cualquier pieza tradicional teatral. Los únicos fragmentos más experimentales son los que la autora denomina como “cuaderno de bitácora”, aunque bien pueden interpretarse como soliloquios del personaje protagonista. El hecho de que el texto se sustente fundamentalmente a través de sus diálogos, favorece la fluidez e interpretación de la lectura cuando esta pieza se toma como literatura dramática, una característica que también comparte con el teatro dramático. En cuanto al contenido, se acerca más en este sentido a los textos posdramáticos. La ambigüedad de la historia o la exploración interna de los personajes son algunos rasgos de esta corriente presentes en la obra. Por su carácter personal, esta obra puede encuadrarse como parte de las dramaturgias del yo, concepto que desarrollaré después. Podría decirse, por lo tanto, que Siglo mío; bestia mía es dramático en la forma y posdramático en el contenido.


Un ejemplo de teatro clásico puramente dramático es, por ejemplo, La casa de Bernarda Alba. Este drama de Federico García Lorca, además de construirse a través de las características formales tradicionales ya mencionadas, desarrolla temas y personajes mucho más clásicos y, pese a la presencia recurrente de símbolos, la obra no produce mayores problemas de comprensión, pues reproduce una historia bastante más verosímil y accesible a todo tipo de público que los textos posdramáticos.


En la otra cara de la moneda se encuentra De noche justo antes de los bosques. En referencia a las cuestiones formales, esta obra innova mucho más que las dos anteriores, pues se trata de un monólogo sin interrupción donde no se distinguen ni intervenciones, ni pausas, ni anotaciones del autor… Todo el texto se corresponde con las palabras del protagonista, por lo que su representación en el teatro da más pie a incluir nuevos matices que los textos clásicos. A causa de la ausencia de puntos, su lectura es mucho más atropellada y caótica y, aunque esto va en consonancia con el propio contenido, dificulta su consumo como pura literatura dramática, lejos del teatro. En el teatro posdramático y, en esta obra en concreto, la palabra no es más que un punto de partida desde el que jugar con otros códigos, aunque esto sea imperceptible para el lector por carecer de la experiencia de la representación en el escenario. En lo que respecta al contenido, se ajusta a muchas características posdramáticas, por ejemplo, el predominio del caos en la obra y la atención puesta sobre los procesos de los personajes. Además, destaca también el interés por la obscenidad, al tratarse personajes e historias en espacios liminales, como son la marginación, la soledad o la vida en el extranjero. Por último, considero que De noche justo antes de los bosques es el ejemplo perfecto de las dramaturgias del yo, corriente predominante del teatro posdramático. La razón es que esta obra está muy marcada por la exploración personal de su protagonista y la indefinición de la frontera entre autor y personaje, algo común a las dos obras del itinerario citadas en esta comparación, pero más enfatizado en esta por la forma de monólogo que adopta.

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