lunes, 11 de enero de 2021

El concepto de frontera en el arte

De una u otra manera, el concepto de frontera ha sido muy explorado a lo largo de la Historia del arte. No es de extrañar, pues las manifestaciones artísticas a lo largo del tiempo no han sido más que un reflejo de la Humanidad desde su comienzo hasta nuestros día. Y en todo este tiempo, la frontera ha sido un concepto crucial para entender las relaciones entre los hombres. Una frontera es una barrera imaginaria que usan los seres humanos para separarse entre ellos, distanciando etnias, religiones, pueblos, culturas… Pero no es tan simple como una línea en el suelo, sino que detrás conlleva un buen número de cargas implícitas, desde el respeto o el odio, hasta el miedo. Las fronteras físicas existen, sí, pero las que han marcado la Historia no son más que convenciones sociales establecidas para clasificar y ordenar la Tierra. Detrás de este concepto tan simple, se han escondido tradicionalmente muchos intereses, siendo motivo de guerras y masacres que se han llevado por delante millones de vidas. Porque, tradicionalmente, la frontera un palmo más a la izquierda o a la derecha se ha traducido en más territorio, y por consiguiente, más recursos, más riqueza, más poder, más respeto. Detrás de todos los intereses, siempre acaba prevaleciendo el afán de poder del ser humano, que se siente seguro cuanto más abarca bajo su control, pero nunca se sacia, y esto se acaba pagando con vidas.

Como digo, este concepto de frontera ha sido explorado en todas sus versiones por el arte. En la Ilíada, la frontera es física y se corresponde con la muralla de Troya, esa barrera infranqueable que los aqueos eran incapaces de franquear pese a todos sus sacrificios. En La rendición de Breda, de Velázquez, el motivo principal es la guerra, una guerra en la que los flamencos intentaban levantar una frontera entre ellos y los españoles, pero la verdadera frontera presente en el cuadro es la que separa a los dos bandos, como si de un espejo defectuoso se tratara: el orgullo de los vencedores frente a la desolación de los vencidos (que poco reflejarían el desenlace final de la guerra), con los correspondientes generales moviéndose en el espacio liminal del centro. Respecto al cine, me vienen a la mente películas como Pocahontas y Avatar que, siendo muy diferentes, exploran en ambos casos la frontera entre dos mundos, el momento en el que confluyen dos mundos tan diferentes en su color de piel como en su percepción del universo que les rodea.

El ejemplo que desarrollo a continuación, perteneciente en este caso a la literatura, es bastante parecido a los dos casos anteriores. Se trata de Romeo y Julieta. Esta obra cumbre de la literatura escrita por William Shakespeare, también tiene una frontera ejerciendo como punto fundamental: la que divide a los Montesco y a los Capuleto. Esta es una barrera metafórica, imaginaria, aunque tiene su proyección física en la valla que separa sus correspondientes viviendas. La frontera es levantada por medio del odio y la rivalidad, e impide cualquier tipo de cordialidad entre los dos extremos. También simboliza, en cierto modo, lo prohibido, y los protagonistas de esta obra deciden cruzar juntos ese límite, sabiendo la presión que va conllevar desafiar los vetos implícitos: la relación de Romeo y Julieta es el ejemplo paradigmático del amor prohibido. Los protagonistas desafían el poder de la frontera y obtienen terribles consecuencias, representadas mediante el mayor de los castigos: la muerte. Así, la obra concluye sugiriendo que el sacrificio puede ser la única vía para derribar una barrera edificada sobre el odio. Como dato curioso para concluir, me gustaría cerrar diciendo que, hace unos años, tuve la suerte de ver esta obra representada en el Corral de Comedias de Almagro, que me parece un lugar único en el mundo para realizar representaciones teatrales. Curiosamente, este podría ser considerado un espacio liminal por su carácter anacrónico, al encontrarse justo en la frontera entre dos mundos: el pasado clásico y la actualidad.

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